La Gula: Placer o Pecado

La gula ciertamente está descrita por la iglesia católica como uno de las siete pecados capitales, aunque en la realidad no se le cuestiona como tal. ¿Qué hace que desde tiempos remotos esté estigmatizada como nociva? Sin duda el exceso, pero no debe confundirse éste último con el placer de comer, o más aún con el placer de disfrutar del arte culinario.

Vamos a ver desde el origen; Comer es una necesidad primaria, de supervivencia, si el niño no come se muere. Es la primera necesidad que tenemos al nacer, y es la madre quien se encarga de satisfacer esta necesidad biológica a través del pecho o del biberón, ya sea la madre biológica o quien ejerza sus funciones. El hambre del recién nacido genera un estado de desequilibrio en su interior que se traduce en una sensación displacentera, en caso de que el bebé no tenga alimento por mucho tiempo, esta sensación se convierte en un monstruo persecutorio en su pequeño cuerpo, al recibir el alimento el niño no solo satisface esta necesidad de hambre sino que al estarse alimentando se empieza a recobrar el bienestar y se produce una sensación placentera que empieza desde el olor del alimento hasta su sabor, textura, temperatura, etc. De esta manera el placer se queda instaurado en el incipiente aparato psíquico del niño a través de la memoria, tenemos pues; por un lado la satisfacción biológica de la alimentación y por otro, el placer asociado a ella.

Es muy importante que exista un equilibrio, para ello se requiere de una madre amorosa y no ansiosa, existen mamás que al primer llanto del niño le dan el pecho para callarlo ya que en su ansiedad no tolera oirlos llorar, o por el contrario, mamás desentendidas que pueden dejar mucho tiempo sin comer al bebé o no son capaces de regular su horario de alimentación, ambos extremos perjudican al niño, ya que también le generan ansiedades profundas, que pueden reflejarse en un niño sobrealimentado o en uno carente de alimentación, en el primero puede existir una importante fijación por la comida y en el segundo una importante carencia traducida en carencia afectiva.

Aquí nace justamente en este esquema primordial el patrón que sustenta la gula; La Voracidad, Melanie Klein (Psicoanalista inglesa) trata con profundidad estos sentimientos primarios. La Voracidad se describe como la necesidad de comer, de tragarse literalmente todo lo que está en el exterior de manera compulsiva, ya que se tiene la fantasía inconsciente de que ya no va a haber más y que se puede quedar sin nada, vacío, es por eso que a pesar de que una persona o niño haya comido lo suficiente para alimentarse, prosigue la ingesta de comida, es una necesidad neurótica (puede observar perfectamente a estas persona en los buffets de los restaurantes, sirviéndose enormes platos de todo).

Existe obviamente como consecuencia de esta actitud voraz toda una serie de problemas y trastornos físicos de orden metabólico y de riesgos por sobrepeso u obesidad bien sabidos, pero también como efecto colateral estas personas no suelen estar a gusto con su cuerpo y eso les produce un conflicto que puede traducirse en agresión, o también que pueden negar y asumir una postura de aparente indiferencia. La Gula o Voracidad a menudo es detonada por factores de ansiedad, hay personas que pueden estar llorando angustiadas y al mismo tiempo no pueden parar de comer, o quienes tienen un conflicto y lo primero que hacen es abrir el refrigerador. Comer en exceso es una manifestación de ansiedades o angustias no resueltas, eso es indudable.

Una de las vertientes más importantes de la Voracidad, es que ésta se convierte en un esquema existencial, la Voracidad no sólo se manifiesta al comer , sino también al vivir, una persona voraz es aquella que no se quiere perder de nada en la vida, que se llena de proyectos y no disfruta ninguno de ellos porque aún no termina uno y ya está pensando en el que sigue, es una persona que como se dice comúnmente “se quiere colgar de todas la lianas”, tiene una actitud parecida a la de los chimpancés cuando recogen plátanos, que llenan el espacio hecho por sus brazos, los plátanos se les tiran por todos lados y su única angustia es seguir recogiendo más, aunque se sigan cayendo. Son las personas con las que uno se puede topar en una reunión social y cuando está uno conversando con ellas, no prestan atención, sus ojos andan buscando inquietos a alguien más, que quizá en su valores o en su fantasía sea mejor que nosotros y a quien le puedan sacar mayor provecho, que no disfrutan de la compañía que tienen y que, finalmente se vienen quedando solas.

La voracidad es una actitud que definitivamente es nociva a nivel psicológico, pues impide que la persona pueda gozar de su vida, de sus proyectos, de sus logros y que refleja un profundo sentimiento de carencia afectiva. Las personas voraces, como decía, con el tiempo se quedan solas, pues es una actitud que socialmente es evidente y produce rechazo.

Así es que habría que reflexionar; Gula o Voracidad, son excesos que por donde se les vea dañan al cuerpo y al espíritu. Si es pecado o no, allá cada quien con sus creencias.