La crueldad con los animales es un signo de barbarie, cualquier
cultura o sociedad que se preste de civilizada, tiende a erradicar estas formas
de relacionarse con el género animal, del cuál, querámoslo
o no, somos parte.
Entendemos que en la gran mayoría de los países del orbe, la pobreza
y las necesidades humanas cobran relevancia y prioridad. En México, los
barrios de todas las ciudades son escenario lastimero de miles de perros y gatos
callejeros, cadáveres ambulantes de enfermedad, hambre y maltrato, es
difícil pedir a una sociedad que lucha ferozmente por la supervivencia
cotidiana, que arme toda una infraestructura para su protección, al gobierno
ni se diga. Sin embargo los seres humanos estamos indisolublemente ligados a
ellos. Vamos a asomarnos un poco a lo que ha sido la interacción de los
hombres a lo largo de la historia con los animales;
En lo Antropológico. Empezando porque venimos de ellos,
hay que ver las similitudes etológicas que nos ligan con los primates,
somos similares en lo que a conducta se refiere, ¿quien no conoce los
célebres estudios ‘’El Mono Desnudo’’ y ‘’El
Zoo Humano’’ de Desmond Morris? Además la ciencia moderna
nos ha mostrado que compartimos un código genético casi idéntico
con ellos. De hecho nuestro cerebro tiene una especie de memoria animal, instintiva,
que a lo largo de la evolución fue desarrollándose en estratos
superiores hasta llegar al neocórtex o corteza cerebral. Nuestro cerebro
es como el registro mismo de la evolución, parte de dentro hacia fuera,
desde la funciones más primitivas e instintivas (como en los animales)
hasta las más sofisticadas que hemos desarrollado, funciones que se apuntalan
sobre la oposición del dedo pulgar con los otros dedos de nuestras manos,
mutación que ha desarrollado la inteligencia instrumental que nos ubica
en un peldaño superior a nuestros más cercanos ancestros.
En los animales percibimos el interior de nuestra propia naturaleza, sobre todo
en los animales salvajes; la fuerza del instinto, la ausencia de control, el
principio de placer, la total anarquía, la manifestación de la
agresión bruta, todo aquello que habita en lo más profundo de
nuestro inconsciente.
El animal es a nuestros ojos, fascinante, ya que de alguna manera es nuestro
espejo retrospectivo en la larga cadena de la evolución (¿habrá
aún quienes crean que venimos de Adán y Eva?).
En lo Cultural. El hombre ha estado ligado en su desarrollo
social a los animales, desde que los utiliza como vehículo de transporte
o de carga, de igual manera en la construcción y en la agricultura, como
alimento para la supervivencia del clan o tribu, o para cobijarse con su piel
y para fabricarse instrumentos de ornato o instrumentos musicales.
En lo Psicológico. El hombre primitivo ha tenido una
relación más estrecha, un vínculo más cercano con
los animales, a quienes atribuían propiedades anímicas similares
a los humanos y más allá de eso; facultades en el plano espiritual
que incidían de alguna manera en las personas, aún hoy conservamos
vestigios de ese pensamiento mágico en el horóscopo, en donde
cada signo es representado por un animal, del cuál se derivan las características
de las personas cobijadas bajo su rango. Nuestra identificación con los
animales toma un verdadero carácter universal, nos identificamos con
sus habilidades y destrezas, con su fuerza y su intuición, con su nobleza
y con su furia, de ahí que cuando tenemos algún reto o trabajo
común nos llamamos “Borregos del Tec” , “Tigres de
la UNI, “Delfines de Miami”, etc, etc. Nos nombramos como los animales,
fíjese en las tribus nómadas de América, los indios se
llamaban “Toro Sentado” “Halcón Aguerrido” “Búfalo
Velóz”, etc.
En lo Místico y en la Brujería. Ha oído
hablar de los Masones?, ellos llevan como emblema un chivo negro. Las artes
marciales como el Kung Fu tienen en sus desplantes corporales un esquema animal
del que parten para mostrar sus destrezas como una garza o un león. En
la brujería el gato tiene atribuciones maléficas, quizá
porque como ve muy bien de noche, la concepción popular relaciona con
fuerzas oscuras a quienes transitan con la luna. Idéntica suerte tienen
los murciélagos y los lobos que se encarnan en humanos vampiros y licántropos.
En la religión. Existen concepciones religiosas que
ubican a la creación del universo en manos de animales ancestrales como
la tortuga que carga al mundo, quizá porque esta última es tan
antigua como los dinosaurios está asociada con el principio de los tiempos.
En las religiones que creen en la reencarnación los animales están
incluidos como parte de la cadena animista, así pues uno puede haber
sido en su anterior vida un jaguar o va a reencarnar en pájaro, quien
sabe. La religión Judeo-Cristiana que es la que mejor conocemos está
llena de atribuciones mágicas y simbólicas a los animales. La
primer referencia bíblica es la de la víbora malvada que hizo
pecar a Eva, aquí vemos el enorme narcisismo de la estirpe humana; todos
los seres que no caminen erguidos como el hombre, son indignos, si la víbora
se arrastra es por consecuencia de un severo castigo que le inflingió
el que estuvo en el principio de los tiempos, y ha de haber sido por su perversidad
tan grande que ahora es una arrastrada ¿alguna vez oyó el dicho
‘..cuando las víboras andaban paradas’?, es justamente alusivo
a algo muy antiguo, muy remoto. Luego aparece el segundo animal en escena; el
burro, con cuya quijada Caín mató a Abel. ¿Sabe quien fue
el primer ecologista del mundo del antiguo testamento? Fue Noé, quien
por orden divina salvó del diluvio a un par de cada uno de los animales
que habitaba la faz de la tierra, es entonces mandato divino proteger a los
animales. Y como parte nodular de esta religión está el cordero,
la ovejita que por vulnerable, desprotegida y mansa es presa de todos los depredadores,
este animal es asociado con la inocencia, es por ello que Moisés ordena
a los hebreos hacer el ritual del sacrificio del cordero, para lavar con su
sangre los pecados de todos(es el chivo expiatorio), en una anticipación
simbólica de lo que vendría a representar Cristo con su sacrificio;
el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
En la Mitología. En la cultura Occidental, la relación
con los animales es fundamental, desde el Minotauro (mitad hombre y mitad toro),
el Centauro(mitad caballo y mitad hombre), la Medusa de cuya cabeza nacían
serpientes y tantos seres mitológicos de la antigua Grecia. También
los tenemos en las civilizaciones del medio oriente, la Efigie egipcia con cara
humana y cuerpo de León, los rituales de esta antigua civilización
estaban llenos de personajes humanos mezclados con aves, en las civilizaciones
prehispánicas de América tenemos a Qetzalcóatl la serpiente
emplumada, el Cóndor que vigila al pueblo Inca hijo del Sol, y muchos
ejemplos más.
En los Sueños y en el Delirio. Existen símbolos
oníricos universales como las tarántulas y las arañas,
asociadas a la representación de la madre fálica. Los insectos,
los reptiles y los arácnidos están en las alucinaciones terroríficas
del delirium tremmens en los alcohólicos, en
las fantasías esquizofrénicas de despersonalización kafkianas.
La fantasía popular convierte a los monstruos y animales míticos
en Alebrijes,.
El hecho es que los animales están profundamente ligados a nuestra naturaleza
humana, a nuestro desarrollo como especie y a nuestra vida diaria por miles
de años. Nos reconocemos en ellos, los admiramos, les tememos y son fuente
de nuestros sueños y nuestras fantasías, es primordial que nuestra
civilización los proteja de nosotros mismos, ya que somos una especie
que lleva profundas contradicciones encarnadas en la barbarie y en la crueldad.