Historias de animales, crueldad y barbarie

Por Enrique Díaz

La crueldad con los animales es un signo de barbarie, cualquier cultura o sociedad que se preste de civilizada, tiende a erradicar estas formas de relacionarse con el género animal, del cuál, querámoslo o no, somos parte.

Entendemos que en la gran mayoría de los países del orbe, la pobreza y las necesidades humanas cobran relevancia y prioridad. En México, los barrios de todas las ciudades son escenario lastimero de miles de perros y gatos callejeros, cadáveres ambulantes de enfermedad, hambre y maltrato, es difícil pedir a una sociedad que lucha ferozmente por la supervivencia cotidiana, que arme toda una infraestructura para su protección, al gobierno ni se diga. Sin embargo los seres humanos estamos indisolublemente ligados a ellos. Vamos a asomarnos un poco a lo que ha sido la interacción de los hombres a lo largo de la historia con los animales;

En lo Antropológico. Empezando porque venimos de ellos, hay que ver las similitudes etológicas que nos ligan con los primates, somos similares en lo que a conducta se refiere, ¿quien no conoce los célebres estudios ‘’El Mono Desnudo’’ y ‘’El Zoo Humano’’ de Desmond Morris? Además la ciencia moderna nos ha mostrado que compartimos un código genético casi idéntico con ellos. De hecho nuestro cerebro tiene una especie de memoria animal, instintiva, que a lo largo de la evolución fue desarrollándose en estratos superiores hasta llegar al neocórtex o corteza cerebral. Nuestro cerebro es como el registro mismo de la evolución, parte de dentro hacia fuera, desde la funciones más primitivas e instintivas (como en los animales) hasta las más sofisticadas que hemos desarrollado, funciones que se apuntalan sobre la oposición del dedo pulgar con los otros dedos de nuestras manos, mutación que ha desarrollado la inteligencia instrumental que nos ubica en un peldaño superior a nuestros más cercanos ancestros.
En los animales percibimos el interior de nuestra propia naturaleza, sobre todo en los animales salvajes; la fuerza del instinto, la ausencia de control, el principio de placer, la total anarquía, la manifestación de la agresión bruta, todo aquello que habita en lo más profundo de nuestro inconsciente.
El animal es a nuestros ojos, fascinante, ya que de alguna manera es nuestro espejo retrospectivo en la larga cadena de la evolución (¿habrá aún quienes crean que venimos de Adán y Eva?).

En lo Cultural. El hombre ha estado ligado en su desarrollo social a los animales, desde que los utiliza como vehículo de transporte o de carga, de igual manera en la construcción y en la agricultura, como alimento para la supervivencia del clan o tribu, o para cobijarse con su piel y para fabricarse instrumentos de ornato o instrumentos musicales.

En lo Psicológico. El hombre primitivo ha tenido una relación más estrecha, un vínculo más cercano con los animales, a quienes atribuían propiedades anímicas similares a los humanos y más allá de eso; facultades en el plano espiritual que incidían de alguna manera en las personas, aún hoy conservamos vestigios de ese pensamiento mágico en el horóscopo, en donde cada signo es representado por un animal, del cuál se derivan las características de las personas cobijadas bajo su rango. Nuestra identificación con los animales toma un verdadero carácter universal, nos identificamos con sus habilidades y destrezas, con su fuerza y su intuición, con su nobleza y con su furia, de ahí que cuando tenemos algún reto o trabajo común nos llamamos “Borregos del Tec” , “Tigres de la UNI, “Delfines de Miami”, etc, etc. Nos nombramos como los animales, fíjese en las tribus nómadas de América, los indios se llamaban “Toro Sentado” “Halcón Aguerrido” “Búfalo Velóz”, etc.

En lo Místico y en la Brujería. Ha oído hablar de los Masones?, ellos llevan como emblema un chivo negro. Las artes marciales como el Kung Fu tienen en sus desplantes corporales un esquema animal del que parten para mostrar sus destrezas como una garza o un león. En la brujería el gato tiene atribuciones maléficas, quizá porque como ve muy bien de noche, la concepción popular relaciona con fuerzas oscuras a quienes transitan con la luna. Idéntica suerte tienen los murciélagos y los lobos que se encarnan en humanos vampiros y licántropos.

En la religión. Existen concepciones religiosas que ubican a la creación del universo en manos de animales ancestrales como la tortuga que carga al mundo, quizá porque esta última es tan antigua como los dinosaurios está asociada con el principio de los tiempos. En las religiones que creen en la reencarnación los animales están incluidos como parte de la cadena animista, así pues uno puede haber sido en su anterior vida un jaguar o va a reencarnar en pájaro, quien sabe. La religión Judeo-Cristiana que es la que mejor conocemos está llena de atribuciones mágicas y simbólicas a los animales. La primer referencia bíblica es la de la víbora malvada que hizo pecar a Eva, aquí vemos el enorme narcisismo de la estirpe humana; todos los seres que no caminen erguidos como el hombre, son indignos, si la víbora se arrastra es por consecuencia de un severo castigo que le inflingió el que estuvo en el principio de los tiempos, y ha de haber sido por su perversidad tan grande que ahora es una arrastrada ¿alguna vez oyó el dicho ‘..cuando las víboras andaban paradas’?, es justamente alusivo a algo muy antiguo, muy remoto. Luego aparece el segundo animal en escena; el burro, con cuya quijada Caín mató a Abel. ¿Sabe quien fue el primer ecologista del mundo del antiguo testamento? Fue Noé, quien por orden divina salvó del diluvio a un par de cada uno de los animales que habitaba la faz de la tierra, es entonces mandato divino proteger a los animales. Y como parte nodular de esta religión está el cordero, la ovejita que por vulnerable, desprotegida y mansa es presa de todos los depredadores, este animal es asociado con la inocencia, es por ello que Moisés ordena a los hebreos hacer el ritual del sacrificio del cordero, para lavar con su sangre los pecados de todos(es el chivo expiatorio), en una anticipación simbólica de lo que vendría a representar Cristo con su sacrificio; el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

En la Mitología. En la cultura Occidental, la relación con los animales es fundamental, desde el Minotauro (mitad hombre y mitad toro), el Centauro(mitad caballo y mitad hombre), la Medusa de cuya cabeza nacían serpientes y tantos seres mitológicos de la antigua Grecia. También los tenemos en las civilizaciones del medio oriente, la Efigie egipcia con cara humana y cuerpo de León, los rituales de esta antigua civilización estaban llenos de personajes humanos mezclados con aves, en las civilizaciones prehispánicas de América tenemos a Qetzalcóatl la serpiente emplumada, el Cóndor que vigila al pueblo Inca hijo del Sol, y muchos ejemplos más.

En los Sueños y en el Delirio. Existen símbolos oníricos universales como las tarántulas y las arañas, asociadas a la representación de la madre fálica. Los insectos, los reptiles y los arácnidos están en las alucinaciones terroríficas del delirium tremmens en los alcohólicos, en las fantasías esquizofrénicas de despersonalización kafkianas. La fantasía popular convierte a los monstruos y animales míticos en Alebrijes,.
El hecho es que los animales están profundamente ligados a nuestra naturaleza humana, a nuestro desarrollo como especie y a nuestra vida diaria por miles de años. Nos reconocemos en ellos, los admiramos, les tememos y son fuente de nuestros sueños y nuestras fantasías, es primordial que nuestra civilización los proteja de nosotros mismos, ya que somos una especie que lleva profundas contradicciones encarnadas en la barbarie y en la crueldad.